Necesitamos llamar las cosas por nombre por las mismas inseguridades típicas del ser humano, esa curiosidad metafísica de querer conocer el origen de todo, el porque de todo, y el nombre de todo, y ahí nos ves desde niños poniendo en aprietos a los padres preguntando cuanta idiotez se nos viene a la mente, pero en materia de amor, ahí si que tenemos dudas y todos somos sin excepción alguna curiosos e ignorantes, y lo peor vulnerables. Si, es que nadie se escapa de eso, eso que alguien llamo el mal que padecemos todos los humanos, eso no es mas que... una perdida de tiempo, para que sigo leyendo esto que es una perdida de tiempo, cuando perfectamente se que es lo que para nosotros dos fue el amor, o lo que llamamos amor, no fue acaso un mero espejo cargado de repeticiones, no fue mas que verme a mi mismo, esa imagen que a diario veo frente a mi solo que del lado opuesto de lo que la gente ve, no fue mas que un puro reflejo de sensaciones, frases, palabras y gestos, porque en cada momento podía escuchar como un eco que resonaba en mis oídos las palabras que había dicho yo antes, quizá un día atrás, quizá esa misma tarde, quizá toda la vida, siempre volvían, era verme a mi mismo en cada gesto, cada beso, cada sensación en la que nos íbamos hundiendo, y yo pretendía no ver para no creer aunque no era necesario pues las palabras iban y venían como un boomerang que partía de mi boca y morían en mis oídos, e ignoraba en mi razón para no creer que tarde o temprano el espejo otra vez frente a mí me mostraría que la realidad y la verdad no se pueden callar ni negar porque la razón siempre es mas fuerte, y ahí va de nuevo, como ponerme frente a una grabadora a poner mis palabras en vos, para que vos me las repitieras presionando el Rec. en una charla que yo iniciaba y Play en otra que vos terminabas, y hacías de tu autoría las bromas, las frases, todo, y verte a vos frente a mi no era mas que una representación de lo que yo intentaba huir para no atreverme a ver quien era yo mismo, pero que vos te encargabas de hacerlo como un espejo con la imagen que yo intentaba maquillar y que vos en tu ingenuidad me ponías una vez, tras otra, hasta el cansancio, llenándome de culpa por no parar a tiempo la maquina de repeticiones en la que te estabas o te estaba yo convirtiendo, no mas por lo que alguien llamo el egoísmo de la complacencia con la que me llenabas, aunque sospecho que no lo hacías con esa intención sino que mas bien lo hacías para agradarme, como esa vez en el parque Bustamante donde me repetiste de memoria como repite el catequismo un niño toda una charla sobre el comportamiento religioso de algunos de nuestros amigos cuando pasamos frente a una iglesia, o esa otra vez en el metro que tu amiga repitió mi teoría sobre la humedad que producen esos ventiladores malditos que largan agua en pleno verano, y me viste con orgullo de saberte la lección cuando tu amiga me decía que vos le habías dicho eso, y otra vez poner play pero ahora escuchándome en stereo en la voz de tu amiga pero sabiendo que eras vos la que estaba detrás de la lección aprendida, como repetir la tabla del nueve para que la maestra se sienta feliz de que esta enseñando correctamente y vos a recibir el premio.
Si vos vivías para ser mi espejo queriendo mostrar una imagen de mi que perfectamente sabias que mi inseguridad no vería jamás, pues vos en tu afán por que yo me creyera un poco mas el cuento te vestías de mi, para que yo me viera, mas yo me escondía de vos para verte a vos actuar pero negándome a encontrarme en eso que yo sabia que no era verdad, pues yo me conozco y se quien soy, pero vos insistías en mi, y se que me fui resignando hasta perderme completamente en vos para encontrarme a mi mismo todos los días sabiendo que un día de tantos, esa imagen del espejo saltaría para tomarme por el cuello y reclamarme porque deje que todo llegara hasta allí. Pero ¿Qué es la imagen sin el espejo y el espejo sin imagen? De que sirve al final el uno sin el otro, ¿no son acaso complemento? Porque decime ¿Qué hace un espejo solo colgado en la pared? ¿Qué utilidad tiene? Servirá para adorno, pero si no tiene imagen por delante que mostrar será un pobre espejo solitario, triste y abandonado que se inclinara en busca de un vanidoso que se plante frente a él a acomodarse la corbata, o arreglase el pelo, o alguien que solo por la inercia misma de verse nada en especial solo verse se detenga unos segundos y luego siga de largo, o se vea el perfil derecho luego el izquierdo, se toque el pelo y se valla, pero ¿no es así feliz el espejo? Si total para eso fue creado para alimentar la vanidad de la bruja del cuento, o el mono que se quiere ver y desea que el espejo
le mienta, pero el espejo está feliz con el cliente recurrente, el que depende de el, el adicto, el de todos los días y así el fulano de imagen recurrente y el espejo serán complemento y felicidad, ying y yang, Benitín y Eneas, o agua y aceite, día y noche, bondad y maldad habitando una misma persona, necesarias y dependientes una de la otra para vivir, para existir, encontrado su razón de ser en el ser del otro, así que quizá la imagen nunca saltaría sino que se resignaría a entender que necesita de ese espejo para vivir, para sentir, para ser, y es que aunque me conozco de memoria necesito ese acto recurrente y obligatorio de pararme frente al espejo todos los días para verme y saber que ambos continuamos allí igual que ayer, y con la esperanza de que sea así mañana, y mi dulce adicción se fue haciendo cada vez mas recurrente, llegando a ser cliente frecuente y el espejo y yo uno solo.
Y así fui cayendo de apoco en el letargo de ir lentamente aceptando la idea de que al fin y al cabo necesitaba yo tanto del espejo, como el espejo de mi, y comencé a acostumbrarme a lo que el me ofrecía en su dulce e ingenua imagen.
Quizá fue que al principio esa maquina de repeticiones me asusto, como se asusta la gente cuando graba su voz y la escucha por primera vez, y tras esa sonrisa nerviosa y cara de asombro o susto pregunta - ¿esa es mi voz? – pregunta que viene cuando de golpe se sorprende con la voz que no conocía, esa que es la misma, la que siempre tuvo y oyeron todos menos el, hasta que de apoco se va acostumbrando y entiende que tiene que aceptarla pues no le queda más opción, pues es su voz, amenos que quiera fingirla, pero su verdadera voz siempre estará allí detrás del disfraz con que quiere camuflarla, pero le guste o no es su voz y deberá aceptarla.
Y eso fuimos, yo de nuevo poniendo Rec y grabando, y vos poniendo play y repitiendo, yo asustado y vos segura repitiendo, hasta aceptarlo, hasta acostumbrarme, hasta tomarle el gusto a la voz y a la maquina, al espejo y la imagen, a vos y a mi bautizando de amor ese ir y venir de palabras y pensamientos, de mis lecciones y vos repitiendo orgullosa la tabla del nueve, de los te amo y de los te extraño, de mis chistes y tus risas, hasta romper el espejo, hasta desgastar la cinta de grabación, hasta que la muerte separe, o solo quizá hasta que nos dure.
Donde estás?
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