domingo
A Lorena
Un escritor sufre de vez en cuando la ausencia de la musa, cosa que complica en el apuro de la producción, invención o parto de un escrito como Daniel solia llamarle; Daniel había aprendido a “manejar dicha situación con el paso del tiempo, sabia que en algún momento a mitad de la noche, en un colectivo de vuelta a casa, o hasta en baño alguna idea vendría asaltándolo de pronto con una historia inventada, robada o de su propia vida y con la musa susurrándole al oído dejaría impresa en un papel de su vieja Olivetti M40 que se negaba a dejar y perturbaba el sueño de los vecinos, debido a esa extraña manía de escribir de noche, manía que debió dejar por las múltiples amenazas nada pacificas de doña Francisca Ventura.Daniel por razón de fuerza mayor (la vieja histérica) escribía en una libreta y transcribía de día así no jodía tanto, esta libreta la llevaba a todas partes y cuando le preguntaban si la ausencia había sido un poco mas prolongada de lo habitual el bromeaba con que en verano las musas se tomaban vacaciones y las que no lo hacían eran muy pocas y por esa razón cobraban caro.Una noche volviendo de un bar observo la luna, tuvo la impresión de que ella también lo observaba, tuvo la extraña sensación de no haber visto la luna nunca, no de esa manera; era la misma luna de siempre, pero a el le lleno esa sensación que tiene un recién nacido, esa de irse descubriendo y quedar fascinado y un poco obsesionado con su nuevo descubrimiento, entró a su edificio con la impresión de sentirse aun observado, si bien Daniel rayaba la locura esta sensación le parecía demasiado. Algún tipo de paranoia pensó, delirio de persecución, pero se vio obligado a salir a la terraza y buscar la luna y “hacerle compañía” paso el resto de la noche observándola vio con atención su movimiento la siguió con un vino tinto en la mano y un cigarrillo en la otra.Subió a la azotea del edificio a terminar el curso cuando le gue imposible hacerlo desde el balcón, el sol hizo su anuncio con una leve luz que opacaba esa luna llena y sintió que ella se despedía de el.Bajó y en la cama no dejaba de sentir una atracción un tanto enferma por la luna apartir de ese momento sintió que habñia estado para el toda la noche, lo comparo con un baile de seducción que lo tenia enamorado, si enamorado, ese sentimiento que se tiene por las mujeres le quebró la cabeza todo el día. Despertó a eso de las veinte un poco desconcertado, eso de no saber un sueño o una realidad, ya le había pasado antes como esa vez que soñó con una moto BMW antigua con asiento de madera y salio para verificar si era verdad o sueño.Con la incertidumbre salio al balcón a fumar y ahí estaba, de frente a el como esperándolo resplandeciente mas de lo habitual -¿Cómo me puede observar si no tiene ojos?- sintió que algo se desequilibraba en su ya retorcida mente, sin embargo fue llenándose de paz y entre mas la observaba mas atrapado, repitió la rutina de la noche anterior, pero esta vez dejo el vino para no tener influencia alguna y aceptar que era parte del alcohol Tida esta locura, la cosas se complico al “despedirse” sintió primero una nostalgia profunda como cuado se añora lo querido y luego sonrío una leve caricia en su boca; -ahora si perdí completamente la razón- pensó para el, esa nostalgia se tiene por una mujer, quizá por una amigo que se fue lejos y se extraña, pero por la luna era locura y no hace falta ser facultativo para saberlo o diagnosticarlo. Volvió al departamento, la vieja Francisca lo observo -¿Quién es?- preguntó esbozando una sonrisa un tanto macabra, típica de vieja chusma y oídos ansiosos de tener algo para hablar en la panadería del gallego ;- ¿Quién es quien?- le preguntó Daniel, discúlpeme pero no entiendo de que me habla -¿Quién es la que te tiene con esa cara de bobo?- esa mirada y esa sonrisa son típicas de alguien enamorado tonto –nadie- respondió Daniel sintió su preocupación crecer tanto como su locura, se sentó frente a la Olivetti y sin pensarlo escribió un especie de poema con prosa algo antigua y fuera de lo normal, Daniel escribía cuentos, historias pero no poemas y menos algo tan anticuado; cuando terminó de escribir puso sus manos como quien reza y mientras mordía la uña del dedo gordo izquierdo se sintió enamorado, se fumo dos cigarrillos y se quedó dormido, el teléfono sonó toda la tarde pero no lo escucho, o quería ignorarlo sabiendo que era su mejor amigo Roberto Araujo, no quería enfrentarlo y tener Kee contarle su “nuevo amor” ¿Quién iba a entender que pensaba estar enamorado de la luna? Seguro lo llevaría directo al psiquiátrico. Ante la insistencia se excusó con Roberto acusando un fuerte resfrío y no quería contagiar a nadie.Observo todo el plenilunio completo y cada noche era una experiencia diferente, esas mismas que tiene las personas “normales cuando se enamoran de personas “normales.Se preparaba para su encuentro llevando lo que por las mañanas escribía y se lo leía a ella esperando su aprobación y la debida retribución, la luna le sonreía tímida y con vergüenza para cualquiera seria una locura, pero Daniel recordaba las palabras de filosofo, esa que decía “si es mas loco el que piensa o el que mira la luna” dejó de pensar tanto y acepto su amor por la luna, poco importaba lo que pensaran si el era “feliz” esa palabrita feliz, ambigua, efímera, cambiante, dependiente de situaciones, de momentos o estados de ánimo, ánimo estado que había cambiado en Daniel; sentía como su motivación era movida, como su musa lo inspiraba, por primera vez sentía que no escribía para editores o lectores, escribía para quien ocupaba el espacio destinado al amor, auque esta fuera la luna.Después de un mes de excusas se le terminaron las enfermedades y se reunió con Roberto, que además de ser su amigo era su editor, llegó con sus escritos, unos cuentos donde disfrazaba de mujer a su luna y la llamó Lorena – ahí tenés un libro, a Lorena es el titulo-Roberto ojeó los cuentos -¿no es muy temprano para que las musas vuelvan de vacaciones?- la pregunta Roberto era porque la productividad de Daniel era siempre de mitad de otoño hasta finales de invierno, Daniel sonrió sintiendo la complicidad de la luna sentado en la terraza de un bar,- no preguntés, léelo y me contás, en un mes lo termino- y se levanto excusando un compromiso, para Daniel la luna aunque lejana caminaba con el, a su lado su “locura” era un poco mas grave cuando hablaba con ella mientras iba en la calle y las personas normales que se acompañan de otras personas normales, lo observaban, se burlaban, algunos lo veían con algo de lastima , sabido es de todos que un escritor siempre bordean la locura un poco mas que el resto de las personas (normales); pero la realidad, al menos la de Daniel era que poco le importaba, el era feliz. Y de nuevo esa palabrita tan frágil, feliz.A Lorena fue el mejor libro que Daniel había escrito, no solo por las ventas sino por la satisfacción que le daba escribir, lo escribió no con un musa de alquiler, Lorena era su musa, quizá era el hecho de que esa musa tenia nombre, quizá era que la musa era suya, quizá.Para Daniel los cráteres de la luna era pecas, otras noches un vestido con lunares; y otras era una sonrisa poblada. De vez en cuando le saltaban las dudas a Daniel ¿Qué era el amor?, ¿Podía enamorarse así de la luna? ¿Era su necesidad de amar lo que lo llevo a encontrar en la luna la idealización de la “mujer perfecta”?; Quizá pensar o cuestionar era la locura, entendía (por llamarle así) las limitaciones de distancias, de lejanía y de ausencia de su particular amorío. Paso de la felicidad a la paz, dormía sintiendo la compañía de Lorena, lloro con ella, guardo sus lágrimas y las hizo un cuento, velo su sueño.Daniel cerró sus ojos por última vez una noche de luna llena, para algunos la pena de un amor imposible apago su vida, para los que sabían su amor y locura que solo el paso para que su alma se iluminara y se convirtiera en el halo que rodea a la luna en un abrazo eterno
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